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15 may 2007

MI AMIGO, EL ALAMBRE Y LAS VACAS BURLONAS

Íbamos para el Volcán Turrialba. Era un día precioso. El Astro Rey acababa de asomar y las nubes habían tomado vacaciones ese día.

Queríamos fotografiar el paisaje, no perder ni un solo detalle: el camino empolvado, el zacate verde intenso, los pájaros volando en el azul del cielo a 2500 metros de altura.

Miramos a la izquierda y un grupo de vacas apiñadas nos llamaban para salir en la foto. Accedimos a su petición.

Era indescriptible la imagen aquella de los rumiantes en esa montaña verde con flores primaverales, una acequia que bajaba alegre en medio de piedras milenarias. La foto iba a salir magnífica.

Pero para que aún estuviera mejor decidimos ir a posar con las vacas. Esquivamos la cerca, recorrimos unos 10 mts, lo suficientemente cerca para entrar en el encuadre, pero lo suficientemnte lejos para huir en caso de una posesión demoníaca contra cualquier animal con cachos.

Uno, dos y .... en ese momento mi amigo Corellín decidió sostenerse de un extraño cable que dividía la montaña en dos. Un misterioso cable que auguraba desgracia y que nunca antes un ser vivo había tocado. ¡Ni siquiera los rumiantes aquellos!

Tres... las vacas horrorizadas mugieron al unísono. La descarga eléctrica entró por su mano, recorrió todo el cuerpo, le hizo temblar como gelatina y hasta el pelo chamuscó.

Aquel cuadro celestial con el sol, el cielo, el zacate, los pajaritos y los ángeles se fue al carajo con ese MADRAZO DESCOMUNAL.

Nadie pudo aguantar la risa... mi esposa, su novia, yo. Las vacas también lo disfrutaron a lo grande: Nunca había escuchado a una vaca soltar una carcajada.

Hoy Corellín lleva la marca de ese día. Cada vez que choca su vista con cualquier vaca, una burlezca mirada y una fanfarrona carcajada invaden su tranquilo vivir.

Si alguna vez escucha a una vaca reír no crea que es por el síndrome de las vacas locas, sino que el cuento se extendió rápido... ¡no ve que las vacas son muy chismosas!