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19 feb. 2009

El pecado de Rosa la mariposa


Eran como el agua y el aceite, según decían. Como el cielo y la tierra, como el socialismo y el capitalismo… pero algún día habrían de juntar camino.

Se jurarían amor eterno aunque uno de los dos no llegaría a cumplir su promesa.

Majo el escarabajo era hijo de humildes campesinos. Era fuerte, decidido y si la vida le hubiera ofrecido mejor suerte, sería un gran ingeniero, contratista de las mejores fortificaciones para hormigas. Pero por el momento su trabajo de 16 horas sólo le alcanzaba para cueva y algo de estiércol barato.

Rosa la mariposa en cambio era una chica mimada cuyos padres no sabían de pobrezas ni limitaciones. Todo lo tenía a mano, comida, bebida, estatus y cualquier otro deleite mariposino.

Aquél se ganaba la vida a fuerza de mandíbula cortando pasto y aquélla movía alas para hacer cumplir sus deseos de inmediato.

Majo tenía que velar por cinco. Él, sus padres incapaces ya de trabajar y dos tías a punto de pasar a mejor vida. Y aunque cinco también rodeaban a Rosa, la cosa era distinta. Tenía un maestro muy bien instruido, dos nanas que la consentían sin medida, una madre algo indiscreta y el padre, todo un veterano de la empresa floral. Mientras uno velaba por cinco, cinco velaban por una.

Un día sucedió lo impensable. Se enamoraron perdidamente.

No se saben los detalles con certeza, pero cuentan las malas lenguas aristócratas que Majo la sedujo con sus varoniles protuberancias en busca de dinero fácil, mientras en los arrabales se rumoraba que Rosa la mariposa era una chica fácil que iba de insecto en insecto para saciar sus pasiones lujuriosas y desenfrenadas.

Por supuesto que las familias no estaban de acuerdo con la relación.

-Las mariposas son de aire. Estamos por encima de cualquier bicho tierroso- decían éstos.

Mientras los otros reclamaban:

- Los escarabajos somos fuertes y útiles. Las mariposas son esperpentos voladores muy superficiales cuya belleza de alas suplía su falta de cabeza.

Un día de tantos Majo y Rosa quisieron juntar a las dos familias. Tenían una gran noticia que dar.

Las familias acudieron resignadas esperando el anuncio del compromiso. Pero lo escuchado aquella tarde sería 1000 veces peor.

-Rosa y yo…. Yo y Rosa… Bueno, nosotros, vamos a… - decía titubeante y nervioso Majo mientras su amada trataba de darle fuerzas estrechándole su pata.

-Si ya sabemos que se quieren casar. Ahórrennos la pena de una vez – dijo el padre mariposón.

-No papá no vamos a casarnos – dijo Rosa.

En ese momento el tiempo se detuvo. Las tías enfermas casi dejan de respirar y la expectación estrujó el tórax de todos los presentes en el lugar.

-Vamos a mudarnos y vivir juntos – dijo Majo.

-Y estamos por tener cría. Vamos a tener un maribajo- exclamó Rosa esperando abrazos, besos y felicitaciones que nunca llegarían.

-¿Ustedes viviendo juntos? ¿Sin casarse? – gritó incrédula la madre mariposa.
-¡Eres una pecadora Rosa mariposa!– continuó la madre escarabajo.

¿Y con un maribajo? ¡Eso jamás! – expresó el mariposón.

¿Qué pensarían en la Iglesia, nuestros amigos? ¿Qué clase de afrenta sería esa para nuestra familia? – finalizó el escarabajo mayor.

Descubrieron muy rápidamente que no eran tan diferentes como ellos creían. Sus valores tradicionales, creencias, costumbres y convicciones religiosas no eran tan distintos.

Se miraron entre ellos rápidamente y con un leve gesto de consentimiento acordaron lo que habría de pasar. No hacían falta las palabras.

En medio de gritos y a la fuerza llevaron a Rosa con el doctor Martín el chapulín. Majo el escarabajo respetaba mucho a sus padres y esperaba que aquella fuera la mejor decisión.

Sacarían el huevecillo y listo, podrían volver a empezar. Pero algo salió mal, bastante mal.

Rosa no aguantó y aquella tarde sus alas dijeron adiós.

Todos la lloraron un poco, pero no más de lo necesario. Con el pasar de los días las dos familias se hicieron muy amigas y pronto el padre mariposón ofreció a Majo el escarabajo su otra hija. Era bella, muy delgada y algo inteligente. Era suficiente.

¿Por qué olvidó a Rosa? ¿Por qué no la apoyó? ¿Por qué Majo sucumbió al deseo de padres y suegros? Esa gran culpa parece no pesar mucho en la conciencia del otrora noble escarabajo.

Mañana Majo el escabajo y Hermosa la mariposa se casan. Será una boda íntima, pero llena de lujos. De Rosa la mariposa ya nadie se acuerda.

22 ene. 2009

Darío


Todos hablan de Darío.
Tenía motivos suficientes para ser feliz: un buen puesto de trabajo, un vehículo reciente, una linda casa, su bella esposa y aquellos hijos bien educados que eran la envidia de todas las maestras de la escuela. 
Pero aquel hombre era seco como madera que arde a fuego lento. 
No sonreía, tampoco gruñía. Nunca estaba feliz, pero tampoco fruncía el ceño. 
Nada le motivaba, ni el hermoso color del cielo, ni el "papi, papito" de sus niños en casa, ni aún la esperanza inútil de lograr "un mejor mañana".
No se conmovía con las tristes tardes invernales, sólo respiraba mecánicamente. Jamás se le había visto entusiasmado, tampoco decaído. Alguna vez se llegó a enojar, pero fue hace tanto tiempo que ya no lo recordaba.
¿Pero qué fue lo que le sucedió a aquel desgraciado hombre? ¿Cuál fue el hecho macabro que lo tiene muerto en vida?
Nadie lo sabe, ni siquiera él.
Cuando murió su madre no lloró. Cuando su esposa superó definitivamente aquella larga enfermedad tampoco asomó sonrisa, ni palabra de aliento en su boca.
De joven, pese a que estaba siempre rodeado de gente, no llegó a estimar realmente a nadie, ni siquiera a él mismo.   
No se sabía si odiaba a su asqueroso jefe, o si más bien lo admiraba.
No distinguía entre el canto de un ave o el silbido de un viejo tren a gasolina.
¿Pasta en salsa de tomate? ¿Frutas silvestres? ¿Salmón con vegerales? ¡Qué más da si todo le sabe igual!
Alguna vez la muerte llegó a visitarle, pero desistió de inmediato. No había manera de llevar a las sombras del sepulcro a alguien que realmente no vivía.
¿Qué le habrá sucedido a Darío que no llora ni ríe?