jueves 10 de abril de 2008

La princesa de ojos de cielo, mejillas de luna roja y boca de cristal


Era la princesa más hermosa que jamás hubiese existido. Tenía ojos de cielo, mejillas de luna roja y boca del más fino y lúcido cristal. Pero ella misma no reconocía su belleza estremecedora.

Tenía miles de virtudes, cientos de esperanzas, decenas de reinos a sus pies y tan sólo unos pocos menoscabos, pero ella se sentía totalmente infeliz.

Soñaba con volar por la pradera, correr por los campos floridos de cara al viento y a la lluvia. Sin embargo nunca salía de su santuario de marfil. Quería vivir intensamente, pero no sabía como.

Aunque su sonrisa siempre brillaba, las lágrimas le ahogaban el alma, le agobiaban el espíritu y robaban cruelmente su paz. Había olvidado ser feliz, es más, no se sabe siquiera si alguna vez había aprendido a serlo.

Sus miradas infundían devoción e idolatría. Sus palabras eran mandamientos para el pueblo, pero sus deseos, sus verdaderos y más puros deseos, aquellos que se escondían en lo profundo de su corazón y huesos, eran cual rocas pesadas e inamovibles que jamás podría tirar por la ventana.

A veces quería morirse, otras veces quería vivir, y en otras ocasiones nadie sabía lo que de verdad quería. Era experta en ocultar con su sonrisa imponente, todos los mares de lágrimas, gritos de tristeza que desolaban su existencia.

Una tarde de invierno la princesa quiso cambiar, quiso darse cuenta de lo hermosa que era. Decidió dar el paso, aceptarse, quererse y aprender a ser feliz. Quiso buscar la llave, abrir la puerta y empezar a correr hacia los campos floridos en medio de la lluvia torrencial.

Pero era ya muy tarde, desde hacía un año había dejado de respirar… de vivir. Ella aún no lo sabía y su cuerpo descansaba en su torre de marfil.
Terox agregó a manera de epílogo:
Otra princesa que había leído con fruición el cuento anterior, puso cuidadosamente el libro en la mesa de noche, y por primera vez en muchos años, salió de su habitación sin mirarse al espejo...

jueves 6 de marzo de 2008

MUERTA EN VIDA....

Juliana estaba totalmente sola en la casa. Bueno, casi sola..., mejor dicho, no había otro ser viviente en la vieja estructura de más de 50 años.

Aunque estaba acostumbrada al aislamiento de las paredes de cedro amargo, esa noche algo terrible la inquietaba. Tal vez la escalofriante oscuridad, tal vez presentía el olor de la muerte, tal vez el macabro recuerdo del chico con quien iba a casarse o tal vez era todo eso al mismo tiempo.

El amor de su vida se llamó Justiniano, no llegaba a los 25 y era "el más apuesto y cariñoso hombre del mundo", como ella misma decía. Esa precisa noche se cumplía el año exacto en que otra mujer se lo había arrebatado de sus brazos.

Sucedió en un segundo y Justiniano la describió en su último álito de vida como inquietantemente hermosa, de figura delgada y perturbadora. Habló de una sonrisa macabra, de manos finas, suaves y congeladas. Se le escuchó mencionar la piel blanca color nieve y ojos negros como el infierno.

Y finalmente antes de partir Justiniano prometió regresar por Juliana a la vuelta de un año.

El dolor de la muerte inesperada, el trauma del injusto deceso habían bloqueado aquellas últimas palabras de su mente. Pero esa noche las recordó como si hubiesen sucedido hacía un momento.

Volvieron a su mente cuando vio a la hermosa mujer y a su Justiniano al final del pasillo. Lentamente, muy lentamente les vio avanzar y todos los recuerdos cayeron en un segundo.

No quiso esperar más y caminó hacia ellos. Con una lágrima, no mejor dicho, miles de lágrimas en sus ojos sólo atinó a decirle a Justiniano:

-No te he perdonado y nunca lo haré. La preferiste a ella antes que a mí.

Llévame si quieres pero este dolor ya ha carcomido mi corazón y me ha acabado el alma. No tengo nada que entregarte. ¿No te das cuenta que ya estoy muerta tambien?

Justiniano y su eterna enamorada dieron la vuelta y desaparecieron en la oscuridad. Juliana continuó con su muerte en vida o como lo demás preferían llamarlo: vida de muerta.

martes 26 de febrero de 2008

Ella duerme


Hoy la vi tan bella mientras soñaba
que quise despertarla de inmediato,
percibí tan dulces sus labios secos
que tuve que apartarlos de los míos,
quise acariciar esa piel oscura y acallada
pero las brasas de su piel lo impidieron.

Le hablé...y no me escuchó,
¡bendito Dios!
casi estropeo ese momento tan perfecto.

Y finalmente la miré con sosiego
y entendí de una vez por todas
que lo más bello, hermoso, puro y sublime de su alma
descansa en lo profundo de su sueño,
y de mi cama.

jueves 14 de febrero de 2008

Perdido en el tiempo

A veces digo y siento en el alma que estoy perdido en el tiempo.


Me gusta la música de Elvis Presley, las historias de Quijotes, molinos y caballeros enamorados. Siento en mis venas correr las notas del gospel de los 30's y mi corazón palpita sobremanera cuando veo aquellas iglesias de hace 200 años.

Sueño con amaneceres de rocío, hierba, madera y tierra. Con tardes de charleston, mercados callejeros y lluvias montañescas.

Y con noches también. Noches melancólicas para historias de caballeros medievales que al son de las luciérnagas traen el desvelo de una muchachada atónita.

lunes 4 de febrero de 2008

Mi lindo carrito...

Tengo varias pasiones: escribir, jugar al fútbol, la buena televisión y también los vehículos.

Me encantan los carros (vehículos). Quiero contarles un poco del que tengo actualmente. Es un Isuzu Rodeo 1998 traído de New York en 2005.

A lo largo ya de casi dos años lo he modificado hasta convertirlo en lo que es hoy. La lista de trabajos ha sido grande:

  1. Polarizado de vidrios.
  2. Radio Pionner para MP3 y WMA.
  3. Equipo de seguridad con control a distancia.
  4. Aros 15' de lujo.
  5. Llantas Firestone Wilderness todo terreno.
  6. Parrilla y faroles principales versión 2004.
  7. Pulido de pintura.
  8. Overhaul copleto de motor.
  9. Pedales de lujo.
  10. Portahalógenos de espuma comprimida y metal.
Así se veía cuando lo compré:

Y así se ve hoy:


Todavía tengo algunos proyectos con él: Convertirlo a 4x4, ya que es 4x2. Ponerle asientos de cuero.

Todos el fondo somos niños y este es mi juguete y aunque no soy nada apegado a las cosas materiales, pues espero poder tener mi lindo carrito por muchos, muchos años, si así Dios lo permite...

sábado 12 de enero de 2008

Danilo.... El Santo

Hola amigos, amigas, pido sinceras disculpas por la prolongada ausencia, pero he tenido un período largo de vacaciones, por lo que no he tenido posibilidades de acercarme hasta este momento.

Hoy no quiero escribir cuentos, sólo mostrarles las fotografías de una actividad que a final de año realizamos hermanos, tíos y primos de la familia. Es un concurso de frisbee golf, pero dentro de las reglas se exige ir disfrazados de algo. Jejeje, yo me disfracé del Santo (sí, el luchador mexicano).



Mi disfraz de El Santo, con capa y todo.


Un acercamiento. De verdad que nos reímos mucho con cada personaje. Tenemos 10 años de disfrazarnos y jugar cada 25 de diciembre.




El Santo y El Hijo del Santo. Mi suegra le hizo un disfraz a mi hijo también, pero no se dejó vestir ese día. Lástima. Aún así quiso salir en la foto.


En un enfrentamiento visual con Rocky-tico.

Y aquí estamos todos. Santa, El Santo, Superman, Elvis Crespo, Una conejita en tanga (Kendra), un guachimán (cuida carros), un payaso, Rocky-tico, en fin, fue un día familiar de unión y sonrisas.
Luego pondré más fotografías de la propia competencia.

jueves 22 de noviembre de 2007

El viejillo loco de Valle Azul

Le dedico este cuento a mi gran amiga Madame Vaudeville. La mejor bloggera del mundo.

El viejillo loco tenía por lo menos 75 años y su fama no era nada buena. Casi nunca se le veía fuera de su maltrecha y mugrienta casa de madera en las afueras de Valle Azul.

Contaban por allí que las pocas veces que se aparecía no llevaba pantalones. Se decía además que ordeñaba desnudo a su vaca y que se le había observado en posiciones indecorosas con sus dos cerdos, pese a que sus animales de granja habían muerto hace tiempo.

También se rumoraba que miraba y lanzaba piropos morbosos a las jóvenes que regresaban del colegio, cuando al mediodía simpre estaba dormido. Algunos vecinos juraban que aquel no gustaba de las chicas, sino que hombres tatuados entraban y salían de su aposento por las madrugadas, cuando ni un alma se atrevía a recorrer de noche los parajes sombríos de las afueras del pueblo.

Las señoras mayores señalaban más bien al viejillo como un depravado que se exponía públicamente en poses descorteses, cuando en realidad él evitaba cualquier contacto con la gente.

Los niños juraban haber escuchado a aquel viejillo lanzar los peores improperios contra uno de sus amiguitos, pese a que ese chico nunca existió.

Lo que el pueblo no sabía, era que el viejillo tenía un nombre. Se llamaba Víctor Angelino y tenía una historia. Nadie podía comprobar lo malvado y depravado que era el viejillo, pero todos estaban seguros de ello.

Nadie quería hablarle, nadie quería escuchar todo lo que aquel hombre tenía que contar, pese a lo mucho que necesitaba ser escuchado: sus historias de guerra, sus aventuras como repartidor de correo en pueblos selváticos, sus éxitos como empresario que le llevaron a tener millones y sus fracasos en el amor que le hicieron perder todo cuanto tenía.

Así transcurrían los días, meses y años de Víctor Angelino.

Pero aquella noche de julio llovió como nunca antes. Las aguas fluían y fluían y un aroma a desgracia comenzaba a llenar el espeso aire montañés.

Víctor Angelino despertó a las 5 de la mañana como de costumbre. Se asomó por las endijas de la madera y descubrió como todo estaba inundado río abajo, los cuerpos sin vida de vacas y caballos parecían troncos que flotaban al vaivén de las corrientes.

No se alarmó tanto puesto que su casa quedaba en una especie de loma que le hacían inmune a los efectos del río desbordado. Pero en parte se alegró de que aquellos desgraciados hijos de pueblo habían perdido sus animales y cosechas. De por sí, él ya sabía todo lo que inventaban de él.

De pronto en medio de las gallinas muertas que flotaban vio a una niña de no más de 4 años sujetada a un tronco. La niña estaba desesperada y se soltaría en cualquier momento.

Con todo y botas, pantalón, camisa, sombrero y sus más de siete décadas de edad se lanzó al agua. Víctor sabía lo que era perder un hijo pequeño y eso no se lo deseaba ni a su peor enemigo.

A duras penas tomó a la niña y se sujetó con ella de una rama. Por nada del mundo soltaría a aquella niña, aunque ello significara morir con ella bajo las turbias aguas del río.

Luego de más de 6 horas de fuerte agotamiento se dejó soltar. Estaba resignado a morir con la niña, pero quizá el destino o el juicio divino le hizo llegar de golpe a la orilla. Miró a la niña y se dio cuenta que estaba viva. Había triunfado.

Tomó a la chica de la mano y mágicamente sus fuerzas regresaron. Encaminó hacia el pueblo. Aquella sería su oportunidad de redimirse con los pobladores de Valle Azul, les demostraría que sí tenía corazón y que merecía ser aceptado.

Lo que Víctor no sabía era el trágico final que le esperaba. Sería apedreado por la gente del pueblo que le vería salir de los trillos con la niña en su mano. Sería señalado de inmediato y acusado de abusar de la chica. Nadie se preocuparía por escucharle. La muerte sería lenta y dolorosa, muy dolorosa.