En estos días de vacaciones he reafirmado una teoría que desde hace mucho tiempo quería probar: NO SE NECESITA DINERO PARA SER FELIZ.


Un domingo con la familia y los amigos...


Una mañana en el verde del campo...



Sino más bien saber aprovechar y administrar lo que poco que uno pueda tener para aventurarse y descubrir lo hermoso de las cosas más simples.
Un atardecer en la playa...

Una noche de luces llenas...

Una vista increíble de las entrañas de la tierra

Un domingo con la familia y los amigos...

Toparse con una vieja conocida en el camino...

Mojarse en el cuarto humedal más importante del mundo...
Una tarde tendido en la piscina...


Un abrazo de la bruma misteriosa...


Un mediodía en tierras de los ancestros...

Y finalmente... un sueñito en el camino

Gracias a Dios por permitirme tener lo poco que tengo y no darme lo mucho que no me hace falta.














